Los niños y niñas de nadie, sin nombres, sin registro y por lo tanto sin nacionalidad, son el nuevo rostro de este fenómeno migratorio. En Venezuela no hay papel o tinta para inscribirlos en el registro, el proceso es demorado y las familias con prisa de viajar optan por salir sin ese documento básico. En Colombia, atienden los partos, sin embargo, la constitución colombiana no otorga la nacionalidad a niños y niñas cuyos padres y madres no tengan una residencia estable en ese país; por lo tanto, solo pueden acceder a la constancia de nacido vivo o viva. En Perú aún no se ha implementado el reglamento para niños y niñas apátridas.
Los rostros pasan, pero la sensación de que las autoridades aún no encuentran una solución a este dilema, angustia; mientras los habitantes del limbo, día a día se incrementan.
- migrar para vivir
Es un día muy soleado en la frontera de Tumbes, la sensación térmica llega a 35º, el sudor se desliza por las mejillas mientras buscan el precipicio del suelo o de la mano que pasa batiendo el aire para menguar el calor. Mi mirada se abre en un mar de gente que trae consigo el cansancio y que dibuja entre sus rostros la incertidumbre. Hombres, mujeres, niñas y niños migrantes venezolanos y venezolanas, llegan a las instalaciones del Centro Binacional de Atención Fronteriza – CEBAF, en busca de una esperanza mejor de vida.
Son más de 800 mil venezolanos y venezolanas que han ingresado al Perú hasta la fecha, casi 1500 personas que entran a diario, desde que el país vecino ha radicalizado su medida socioeconómica obligando a que muchas familias se movilicen. Hoy son parte del fenómeno de migración más grande de latinoamérica que nos ha tocado responder.
Sin embargo, un drama muy aparte es el que involucra a las madres gestantes que se aventuran a trasladarse en sus últimos meses de embarazo desde Venezuela hasta el Perú, en muchos casos caminando, con equipajes que resumen toda una vida entre sus brazos colgantes. Pero, más allá de lo que puede significar el pesado trayecto, son los niños y niñas que nacen en el camino; a veces antes de cruzar al frontera de Venezuela, de paso por Colombia o en el Ecuador. Estos niños y niñas, por lo general, no son inscritos en el registro civil, es decir, llegan con el certificado de nacido vivo donde describe: mujer o varón nacida/o viva/o con 3 kg, de padres tal y cual; mas no menciona para nada los nombres del o de la menor de edad.
- los niños y niñas del limbo
Los niños y niñas de nadie, sin nombres, sin registro y por lo tanto sin nacionalidad, son el nuevo rostro de este fenómeno migratorio. En Venezuela no hay papel o tinta para inscribirlos en el registro, el proceso es demorado y las familias con prisa de viajar optan por salir sin ese documento básico. En Colombia, atienden los partos, sin embargo, la constitución colombiana no otorga la nacionalidad a niños y niñas cuyos padres y madres no tengan una residencia estable en ese país; por lo tanto, solo pueden acceder a la constancia de nacido vivo o viva.
Esas madres cuyo coraje de dejar su terruño y su familia en Venezuela, llegan con la única esperanza de que sus niños y niñas puedan acceder a un futuro mejor, mientras que en esta parte de la frontera de paso peruano, tampoco se tiene una respuesta respecto a la nacionalidad y menos a la identidad que les han sido negados.
Hoy, estos niños y niñas, no existen en las nóminas migratorias, no existen en los registros del país, no existen en sus países, son NN.
Hasta la fecha se calcula que serían más de un centenar de bebés que han ingresado en esta situación al Perú, con riesgo de apatridia, cuyos padres y madres no tienen una respuesta por parte del Estado, cuyos rostros ahora están opacados por la indiferencia.
Es la tarde un día de mayo, veo sus rostros de luz como el del niño Yair, al que llaman sus padres, que sonríe embelezado sin presagiar en lo absoluto lo que pasa a su alrededor y si acaso ese es su nombre?. Al otro día me sonríe Koromoto, una bebé de 35 días de nacida en Colombia, sin registro de identidad, cuyos padre y madre solo poseen una copia de sus documentos, alegando que han sido víctimas de asaltado en el camino y solo acceden a solicitar el refugio mas no consiguen sellar su ingreso regular al país.
Los rostros pasan, pero la sensación de que las autoridades aún no encuentran una solución a este dilema, angustia; mientras los habitantes del limbo, día a día se incrementan.